martes, 1 de noviembre de 2011


PUEBLO originarios de la Patagonia
INDÍGENAS
Los tehuelches , habitantes de la Patagonia continental, que se alimentan de la carne de guanaco y el uso de su piel para hacer ropa y zapatos, que son nómadas y cazadores de la tierra, de altura, sus grandes huellas dio nombre a "Patagonia". Los tehuelches del norte llamaban a sí mismos la Günün-a-ken, y los tehuelches del Sur, Aonikenk. 
Los Onas (selknam) viven en la Isla Grande de Tierra del Fuego, llamada Karukinka, los cazadores de la tierra, que estaban cubiertos con pieles, sabían que las armas y herramientas, sino que vivían en los bosques del interior de la Tierra del Fuego y estaban en guerra con sus vecinos. 
Los Alacalufes (kawéskar), canoeros nómades, que cubrían los archipiélagos y canales occidentales de la Patagonia y vivió entre el Golfo de Penas , y en el Estrecho (de Magallanes). Vivían de la caza de lobos marinos, focas, los mariscos y el pescado (Puerto Edén). 
Los Yámanas (yaghanes), canoeros nómades, que vivían en los canales, entre el Canal de Beagle y el Cabo de Hornos, y los archipiélagos al sur de la Estrecho. La característica de estos indígenas fue, obviamente, el fuego. A la luz es, que siempre llevaba una bolsa en forma de alforja, de unos 30 centímetros cuadrados, con dos compartimentos: en uno se mantuvo una mezcla de cisne o pelusa de pato y de carbón pulverizado, y en el otro, las piezas de pirita de hierro. Hicieron un agujero en el suelo, el tamaño de un puño, poniendo en el fondo una capa de pasto seco de trituración, y en el centro de la parte de la mezcla de la pelusa y el carbón, la obtención de la chispa por medio de la conmoción de dos de hierro piedras pirita. Toda su vida giraba en torno al fuego, que prácticamente constituía su único abrigo, salvo en ocasiones, una piel de nutria sobre los hombros. Sin embargo, tenían una noche exclusiva de calefacción: un gran número de perros con los que dormían lleno de gente, con el fin de hacer uso del calor corporal de estos animales. Durante el día había una ingeniosa manera de mantener a los bebés calientes: que los ataban a una especie de escalera construido con ramas y se fija en el suelo junto a la hoguera.

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